LA SIRENA DORMIDA

 

AUSENCIA

Guardo una sirena bajo la piel
que me envuelve
y protege.
Tumbada en el sofá
me pellizco un plieguecito
y tiro.
Uno por aquí,
otro por allá
Ahora que tú no estás
para corregirme el vicio
y decir que me dolerá,
que escocerá,
que me quedará marca.
Es tan hermosa que no ceso
de mirarla,
de asomarme a ella.
Sigo dejando charcos,
charquitos de agua salada,
por si vuelves a buscarme
para que esta dermis
no te engañe
y este olor
no te confunda
y este llanto
no te espante.
Para que me reconozcas
sin tener que arrancarme la piel a jirones
y desaparezca este vicio.
El dolor.
Este escozor que solo deja marca.

 

EL PACTO

Ensayemos un gesto.
Uno leve y sencillo que nos una más allá de espacio y tiempo.
Algo fácil de recordar.
Algo nuestro: Tuyo
y mío
Volveremos,
porque el mundo funciona así
y una extraña energía
nos pone y quita a su antojo.
Albergo la esperanza (por encima de vida y muerte)
de descubrirnos
siempre.
En cualquier instante y lugar
algo tuyo
agitará mi alma
o algo mío
removerá tu calma.
Y aunque no recordemos
esto que ahora tenemos,
desearemos –irracionalmente-
tener algo juntas
de nuevo.

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