LA RAMA NUNCA SE DESGAJA LIMPIA DEL LEÑO


V

Apenas recibo de mi poesía
más que restos de ceniza de lo vivido.
Los días han sido largos y luminosos
y cegados los versos por su brillo
solo han podido cerrar los ojos
ante la evidencia: para ser ceniza,
mejor ser exiliado viento.
Pero el humo no es ya blanco
y la vida se ha tornado pira funeraria
de nuestro vuelo,
obra de arte creada por otro
por mucho que busque entre mis manos
moléculas del óleo o restos de acrílico
entre las uñas.
Siento el crepitar de mis versos
como hueste que no hace prisioneros,
como hordas bárbaras anunciadas
por su tambores antes de tiempo,
como si estos versos de ahora
se erigieran en aldaba de la culpa
o el empoderamiento.

XI

Un leño de madera permanece
aún erguido en la floresta.
La soledad de sus ramas
contrasta con la vida que amanece
y no se ve alterada con su presencia.
Pero un tronco alejado así
de lo fecundo, apartado
sin remedio de lo fértil,
no puede ser paisaje en primavera
o lienzo inacabado del otoño,
apenas refugio de aves migratorias
y en invierno, cuando arrecia el frío,
presagio del fuego.
No sé si espera a un pájaro
o al leñador que le privará
de su descanso en vuelo,
no sé si aguarda el golpe certero
o el aleteo que anunciará
una nueva amnistía.

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