Leer A la luz del agua

A LA LUZ DEL AGUA

​​

AUSENCIA

Ahora que los hijos crecen
y se revelan, es más fuerte
el impulso de pedir perdón.

Los días son azules.
Pasado mañana llegará el verano
anunciando la desnudez
que nos inunda,
en este vacío que habitamos.

Inmensa la ignorancia del hombre
cuando mira la rama del cerezo.

Así es el transcurrir.

Debajo de los sueños sólo
encuentro estrellas apagadas
y tu ausencia, a ella no me acostumbro.

Todo es fragilidad
en esta frontera de los años.

 

REALIDAD COMPARTIDA

Otra noche más hemos dormido a la intemperie,
bajo un manto de estrellas vigilantes,
derramadas como el vino en la mesa.
Creciente giraba la luna,
y los grillos ponían música al silencio.

Junto a mí, el hombre amado.

Un aroma de melocotón trae
el aire que viene.
La nueva cosecha iluminará la casa.

Crece la luz,
y el frescor del alba
despierta la carne y los huesos.
La misma carne, con idénticas preguntas
que siglos atrás se formularon otros cuerpos.

Cierro los ojos, el sueño me precipita a un nuevo
[sueño,
que complace al corazón,
con voluntad por lo vivido,
y revele así, el misterio de la noche.
La convertimos en cómplice,
esperando miles de respuestas…
Sentimos su cercanía, como los ríos
que rodean la morada.

Nuestros son, porque también fueron de quienes
[nos precedieron.
Sus aguas regaron la tierra que hoy pisamos.

Las noches nos sorprenden.
Sentimos un Ángel alrededor, y seguimos
guardando silencio para sellar el momento.

Él me despierta.
Pide que mire la luz que viene:
Es Venus. Sólo para nosotros.
Avanza despacio para no tocarnos.

 

CALDERAS ANCLADAS

La memoria guarda silencios,
sin embargo, su poder
nos trae historias primitivas.

Las calderas ancladas,
frente a la puerta de la escuela,
nos daban cobijo ante los perseguidores.
Y todos atentos para no caer al frío hierro.

Sólo la luz, agujereaba aquel enjambre de tuberías
acorraladas por las risas caprichosas.

Ahora, cuando todo ha pasado,
esa luz vuelve a iluminar aquellos días
por las calles del pueblo.

Y el reloj de arena
deja caer los últimos granos del tiempo
que creía mío.

De nada sirve el recuerdo
a este cuerpo frágil.
Nadie más quiere saber de aquellas luchas,
que fueron ganadas por ángeles sin alas.

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