BLANCO ROTO

 

QUERIDO ÁNGEL

No escucharás, amigo donde estés,
este poema
mientras yo lo recito.
No tendrás sensación de mí ni de mi obra,
-tampoco de la tuya-
es más, creo que ya,
ni eres consciente,
después de cinco años,
de tu propia existencia.

Y no sabrás por qué
de los cientos de muertes que te habitan
la del doce de enero del año dos mil ocho
fue la que más sangró en la literatura
porque cuesta, no sabes cuánto,
cauterizar la herida

tan profunda
que dejó tu silencio.

Pero yo,
yo si sé que tú existes,
sí, porque te imagino,
porque te creo grande en las palabras
y te veo
con buenos ojos,
con la mirada limpia,
porque mientras yo sea
habrá una parte tuya en lo que escribo
aunque tú, a estas alturas,
no lo puedas saber.

Y menos mal que hubo un ancho espacio,
un largo tiempo,
de otra forma, querido Ángel,
jamás hubieras sido
ese escombro tenaz que cumple años
desde la eternidad
y en estos versos
que no vas a escuchar
mientras yo los recito.

 

1979

Al sur se vuelve de la misma forma
que se vuelve al pasado,
en un viejo Renault de los años cincuenta
y con la soledad del peregrino
arañando el asfalto de la memoria.
Y se vuelve sin lágrimas
pues la tierra que atrás se deja
nunca nos pertenece.

Cómo no recordarlo.

El barrio se encontraba salpicado
de balsas y bancales,
de portales abiertos y gente en los balcones,
de banderas y águilas,
de incertidumbre y miedo,
de futuro.

Mientras la Agrupación Deportiva Almería
conseguía el ascenso en rojo y blanco
a la primera división
ETA mataba en blanco y negro
en el mismo canal que en primavera
retransmitió la investidura
del presidente Suárez.

Cómo olvidarlo.

Los trenes oxidados desprendían
ruido de mineral
y, allá en los cargaderos,
esperaban los barcos comerciales
la llegada del hierro de las Minas de Alquife
para después partir hacia los Altos Hornos de Vizcaya.

Las muros coronados de cristal
con afilado celo protegían
los parques infantiles,
los enormes depósitos de CAMPSA,
los corazones de las niñas
vestidas de primera comunión.

Y así, como en un sueño,
mis seis años volaban
aquel espacio bruño.

El tiempo pasa
y vuelve el tránsito a las carreteras
de la memoria
por un túnel de plátanos y de palabras que tiritan
en las postales sepia de la ausencia.
Quizá por eso inflo esta mañana
mis pulmones de versos
para soplar el polvo
del lienzo descuidado
de aquel paisaje del setenta y nueve.

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