Leer Delirium Tremens

DELIRIUM TREMENS

 

HIMNO PARA UN TONTO

Para esta sabandija que repite mi nombre
cada vez que preguntan, cómo se llama usted;
para este esquizofrénico
que se pone mi ropa y mis escrúpulos,
me hace un corte de mangas e interroga
cada vez que me encuentra en el espejo,
voy a escribir, y esta vez sin lindezas,
los versos que jamás le dispensé.
He de reconocer que a veces le he querido,
pero no ha sido nunca suficiente.
Es una pesadilla insoportable
tenerle cada noche entre mis sábanas,
soñando estupideces de las que no se dicen
-por decoro-,
comiéndose mis uñas,

sentándose a mi mesa cada día
como el ingrato huésped navideño
-es casi medio siglo lo que llevo con él-.
No tengo escapatoria.
Este tonto de baba -casi anónimo-
me sigue a todas partes.
He decidido al fin escribirle un poema,
para que reflexione y aprenda a ser humilde,
para que me excarcele
y me deje escapar de todo lo que es mío.

 

LAS ESCALERAS

Mejor dejar las cosas como están.
Las escaleras son siempre sucesivas
y todos los rellanos
conservan su maceta,
aunque la luz lo inunde de ceniza
en vez de hermosas flores.

Todas tienen subsuelo
con lodo y cicatrices,
e innumerables pisos aún deshabitados.

Mejor dejar que sigan subiendo

y descendiendo

con su inutilidad de barandales.

El último peldaño
está siempre muy cerca
del primero.

 

EXIT

En noches como ésta
los balances no ayudan demasiado.
Los recuerdos te escupen a la cara
y desde algún lugar del corazón
te arrojan trapos sucios.
No grites. A estas horas
no ha de escucharte nadie.

Sería preferible
que a golpes de martillo
desclavaras tu culpa de las cosas que amas.

No busques una excusa para retroceder
ni pongas esa cara de perro apaleado.
La noche te ha elegido y eso es todo.
Sabes que no hay salida de emergencias.

EL PRECIPICIO

Cuando llegas al fondo
añoras o maldices
lo que dejaste atrás:
el grifo de la ducha mal cerrado,
el cenicero lleno de colillas
o al Serrat melancólico
con aquel fa vint anys que tinc vint anys
golpeando tus sienes a traición.
Lamentas que la muerte
disponga de acepciones como ésta,
claramente letal, aunque pasiva.
Si pudieras, al menos,
morirte sólo un poco
o morir de repente.
Si pudiéramos, digo,

cruzar sin un rasguño este deshielo…

Disculpa esta torpeza
de andar siempre buscando
cerezas en el olmo.
La tarde se me ha puesto
romántica y lasciva.
No me atrevo a llamarte,
pero he puesto tus fotos
frente a mí, en la pared.
No quiero morir sola.

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