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EL VUELO DEL OLVIDO

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Intenté evitar que sucediera.
Sabía que te perdería si te ibas de mí
si me alejaba de ti.
Sabía que no quería perderte.
Y sabía que no sabías,
que sabrías después.

Mi palabra
sorprendida por tu muda respuesta
atraviesa
convertida en estela
las quietas aguas en las que me recibes.

Te escucho.
Hoy, eres silencio.

Los encontré en las frías y desiertas calles de la ciudad
en el tercer mes del año
buscando como yo un mástil al que asirse.

Me acogieron con la hospitalidad
del que se aventura en la nada sembrada de ausencias
en pos de un destino.

Fuimos los tres náufragos del viento
en la agitada noche oscura
y sola de marzo.

Mi risa corre en la tarde soleada
a reconocerse en la tuya hasta que
el murmullo de febrero la fosiliza
pretextando
que tu vuelo se dirige a horizontes
que no conoceré.

Qué solas las palabras de amor, las de ira,
las que te buscan, las que te olvidan.
Qué solos los vientos del frío.
Qué sola la inquietud que me acaricia.

Y qué solo el presagio de futuro
de este presente sin ti.