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Aquel Cristo lo miraba desde una cruz superpuesta a lo que parecía ser una panorámica del pueblo iluminado a sus pies y una noche tempestuosa en blanco y negro sobre su cabeza. Se arrimó para ver de cerca aquel cartel pegado en el extremo de una ventana larga por la que entraba la luz y una amplia perspectiva de la calle.
Volvió la cabeza para mirar al camarero que había aparecido de repente y le dijo desde detrás de la barra que doña Paloma estaba en camino y no tardaría. Hacía un rato que se había esfumado por la puerta del fondo para llamar por teléfono. Fue entonces, al quedarse solo, cuando se acercó a ver aquel cartel gigante de la Semana Santa. No había nadie más en el bar.
—¿Quién es?
—¿No lo sabe? —respondió el camarero.
—¿Debería?
—Todo el mundo por aquí lo conoce; es el Cristo del Perdón, la imagen que ha dado a conocer nuestra Semana Santa y atrae todos los años a un montón de visitantes para ver las procesiones —dijo el camarero. Pensaba que usted había venido a lo mismo, lo vi tan concentrado mirando el cartel…
—Lo miraba por todo lo contrario.
—Lo siento, disculpe —continuó desde detrás de la barra—;
estoy tan acostumbrado a que los forasteros me pregunten por él que pensé que usted también lo conocía. El visitante no contestó; el camarero intentó romper el hielo, tras un silencio breve.
—¿Usted no es español? —interrogó este.
—Soy alemán.
—Pues habla muy bien nuestra lengua —dijo el camarero.
—Gracias.
—¿Qué se le ha perdido en El Fontanar a un alemán si no ha venido a ver las procesiones? —se interesó el barman.
—Descansar, ¿tan raro le parece?
—Quizá no sean los mejores días para estar tranquilo. Los hoteles se llenarán, las calles estarán todo el tiempo abarrotadas de gente que viene a ver las procesiones, especialmente a partir del jueves —explicó el camarero. En cambio, el domingo todo se vaciará de golpe y el pueblo volverá a quedarse tan desierto como lo estaba la semana pasada. Por eso, si quiere relajarse a lo mejor hubiera sido preferible haber venido antes
o después.
—Hay cosas que no se pueden elegir, haré de la necesidad, virtud, aprovecharé para ver las procesiones, ¿me las recomienda?
—Sin duda, no se arrepentirá —contestó ufano el camarero.

Continúa (…)