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LA ROSA EN LA NIEVE

 

FEDERICO

El humo dormía en blancas fragatas
vísperas de sangre.
Crespones de niebla
cubrían el verde de los olivares.
Torzales y linos.
Holandas
tendió en las vidrieras la luna.
Se abrió en remolino de púrpura,
el cisne de nítido cuello.
¿Qué ha dicho?
Retrocedió la luz todos los pasos
y quiso estar dormida.
¿Qué le han hecho?
Los cármenes temblaron
desde el torreón a los cimientos.
Y huyó el rojo y el gualda.
Y el azul,
y el violeta…

Toda la palidez
para su frente clara que soñaba
¡Llorad por el poeta!
Nadie estuvo a su lado.
Pero ángeles debieron velar a su siniestra
cuando, a su diestra
estaba Dios velando.

 

OTOÑO CON LA ABUELA

Es un sueño distante
que acaricia mi memoria;
un sueño oliendo a eras.
Abstracciones brotando de caminos de lumbre.
La sombra deliciosa de las habitaciones.
Por todos los arbustos avanzaba el otoño.
Llegaba a llenar los almiares,
rebosando tinajas.
Gravitando en las tardes con dulzura de arrope.
Nunca pasaba algo que no fuera previsto.
Las horas en hilera
huían bostezando.
La tarde se acortaba contando la vainica
o rezando un rosario interminable.

 

VERANO

Todo es rojo. Verano.
El resplandor se cuadricula.
Arden por sus extremos los días.
Todo es rojo. La calle
se derrama de fragua.
Fatiga, fatiga, fatiga.
Desaliento, sed.
La luz chirría;
en todos los arbustos
se oxida de cigarras.
Solo el mar sigue azul.
Alguien espera que sean las cinco de la tarde
para matar al sol desde el tendido.
Luego esconder muy hondo su cadáver.
Bien hundido.
Hasta que brote fresco
un viento funeral
que se alargue a las calles
y estruje sus colores fatigados.

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