Oché Cortés

Oché Cortés

Oché Cortés siempre quiso escribir cuentos. Lo supo desde chico, una noche que lo metieron en un tren que iba de Valencia a Puertollano. El Expreso se detenía en todas las estaciones, el rato justo para un episodio de Salgari o una aventura del Jabato. Y en cada parada, la imagen de su padre saludando desde todos los andenes, aquél hombre moreno que hizo el trayecto en su Vespa y luego durmió tres días seguidos. “La niña furiosa y los cuentos que nunca te dije” tiene mucho de aquellos días de leguas infantiles, horas de nunca acabar, cuentos entre raíles y héroes legendarios de carreteras secundarias. La distancia exacta entre la imaginación y el desencanto.